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Micropoder y Biopoder
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Los habitantes del Alto do Cruceiro de Bom Jesus da Mata en Brasil padecen mayoritariamente una curiosa enfermedad: nervos (nervios) que se tratan con medicamentos para paliar los síntomas. Sin embargo, los medicamentos son inútiles porque en realidad lo que tienen es pura hambre y carestía. ¿Por qué se produce este fenómeno? ¿Qué confunde a estas personas para no ver la miseria generalizada?

El poder se ejercita siempre desde una relación asimétrica y es consustancial a la sociedad, es universal. Su función más clásica ha sido la coerción de arriba a abajo, es decir, cierta forma de violencia que obliga a que se mantenga el orden social y, en general, ha recaído sobre una sola persona (el jefe, el rey, el chamán, el líder, etc.) o sobre una institución (la jefatura, el Estado, la banda, etc.)

En una evolución histórica, la forma más común de poder ha sido ejercida por un rey soberano y de forma violenta, basándose en la lógica de la prohibición, la negación y la imposición. Como muestra, todo el dominio colonial de América Latina ha seguido esta estela. Michel Foucault plantea que tras la Revolución Industrial surgen nuevas formas de relación y de producción, pasándose políticamente de la monarquía feudal a la democracia parlamentaria. De este modo el poder se transforma en poder total. Es una especie de micropoder (anidando en todas las dimensiones del sistema) que ya no se puede ejecutar de arriba a abajo, sino que actúa a modo de red, en todas las esferas de la vida cotidiana. Por ejemplo, en la escuela controlando la educación, en la familia regulando las relaciones de género, en la fábrica interviniendo en el trabajo y, finalmente, en los hospitales y los psiquiátricos imponiendo las pautas de salud y normalidad. El mecanismo de funcionamiento del poder total o micropoder es la disciplina: la vigilancia y el castigo evitándose el exceso de violencia. En otras palabras, como personas asumimos el poder como algo normal, el niño obedece al maestro, el empleado al capataz, el paciente al doctor, etc.

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Un paso adelante, en este sentido, lo dio Bourdieu con su concepto de habitus. El habitus se acerca bastante a la idea de somatización. Bourdieu plantea que el cuerpo puede asimilar aspectos sociales y que es posible integrar como individuos esquemas mentales y conductas fruto de relaciones históricas que se han depositado en nosotros. Por ejemplo, la postura de un soldado en el ejército, su mirada y su actitud dentro de su contexto profesional operan directamente desde su conciencia, la disciplina está asimilada. Éste es ya el último nivel del poder, el biopoder que actúa haciéndonos pensar que todo lo prohibido, simplemente es impensable. La forma de organizar el control social, en este caso, sería desde los medios de comunicación y los métodos de información, desplegando el más sutil de los poderes, casi imperceptible, la manipulación de las ideas.

Resumiendo, a lo largo de la historia, podemos contemplar tres formas de poder. El clásico poder de la sociedad feudal que amparado en la idea de soberanía utiliza la coerción y la violencia, el poder total o micropoder que se fundamenta en la disciplina (vigilar y castigar) y el último nivel es el biopoder que opera en el ámbito de la conciencia (seducción, manipulación). La clave es comprender que estas tres formas conviven, no son excluyentes, no se sustituyen una a otra. Si una forma de poder no funciona, se recurre al nivel anterior, como en una metáfora de círculos concéntricos.

Creo que llegados a este punto es relativamente sencillo comprender la situación que Nancy Scheper-Huges nos describe en su obra La muerte sin llanto de lo que realmente sucede en Alto do Cruceiro de Brasil. Las instituciones han “medicalizado” el hambre, se produce un trasvase de significados al cuerpo personal y a lo simbólico desde lo político. Aquí el poder, no sólo actúa a nivel físico (habitus), sino también en la propia conciencia (biopoder), en la identidad, que trata el hambre ocultando las verdaderas relaciones sociales que están tras la enfermedad. Al contribuir a la fabricación de la enfermedad se aplacan posibles tomas de conciencia del plano político y social, como ya ocurrió en Pernambuco en revueltas del pasado. Los nervios no son contemplados como algo colectivo, se perciben como un mal individual y corporal, un señuelo al “paraíso de la enfermedad crónica”.

Pedro Salvador
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