
Una vez más

De nuevo nos hemos encontrado con dos situaciones de emergencia durante las últimas semanas debidas a causas naturales. Perú primero, en la sureña región de Ica, asolada por un terremoto, y Nicaragua fundamentalmente, aunque se vieron afectadas otras zonas de Centroamérica, sufrió las consecuencias del Huracán Félix. De nuevo las víctimas fueron quienes menos recursos tienen para soportar la violencia de la naturaleza y quienes menos preparados están para hacerla frente. Los mecanismos de Emergencia y Acción Humanitaria se pusieron en marcha y la solidaridad de la sociedad y de sus instituciones no se hizo esperar.
En el trabajo humanitario hay tres aspectos básicos que se ponen en juego: los principios y valores que guían su acción, el marco jurídico en el que se desenvuelve y los criterios técnicos y profesionales por los que rige su trabajo. En ocasiones anteriores, un desequilibrio de cualquiera de estas tres variables ha supuesto, cuando no un fracaso, al menos sí la falta de la eficacia exigida.
Por ello, día a día se pone mayor énfasis en el seguimiento y evaluación de las acciones humanitarias, ya que si bien éstas están sometidas a multitud de causas externas que hacen difícil el normal desarrollo de la actividad tal y como se planificó en su momento, la cada vez mayor exigencia de resultados positivos y la necesaria transparencia en la gestión, han hecho que estas cuestiones se conviertan en un elemento central de debate y reflexión.
La búsqueda de una mayor calidad en la acción humanitaria hace que el Fondo Castellano-Manchego de Cooperación cobre mayor importancia al ser un instrumento de coordinación al servicio de las entidades que confían en su gestión. Mediante el análisis de los proyectos y el posterior seguimiento y evaluación de los mismos, no sólo vela por una adecuada aplicación de los recursos, que siempre son escasos, sino que extrae una valiosísima información de la que se benefician todas las ONGD que trabajan en el sector.
La Fundación Castellano-Manchega de Cooperación ha establecido un vínculo con los más desfavorecidos. Ese compromiso supone que estará allí donde su participación sea importante de cara a la reconstrucción y a la rehabilitación de las zonas afectadas por estos desastres humanitarios, con el objetivo de convertir la fatalidad en una oportunidad para mejorar las condiciones de la población afectada.

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