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Rafael Díaz-Salazar
Profesor de Sociología en la Universidad Complutense
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Celebración del Día del Árbol 2007

 

 · Rafael, ¿cuál es tu vinculación
con el mundo de la solidaridad internacional?

Soy miembro de Amnistía Internacional y de Greenpeace y socio de dos ONG de Desarrollo, pero mi actividad está más vinculada con las redes del Foro Social Mundial de Porto Alegre. Cuando era un niño me conmocionaba lo que nos contaban sobre África los misioneros que venían a la escuela infantil de mi pueblo, pero lo que más me impactó de adulto fueron las movilizaciones y acampadas de la Plataforma del 0,7 a mediados de los noventa. A partir de entonces decidí que el tema de la solidaridad internacional iba a dejar de ser una más de mis preocupaciones y se iba a convertir en mi prioridad personal y profesional.

· Trabajas como profesor de Sociología de las Desigualdades Internacionales en la Universidad Complutense, ¿crees que la Universidad fomenta la ciudadanía activa?

La Universidad recoge lo que la sociedad crea y hoy es más un ámbito de estudio, cuando lo es, que de transformación social. Una verdadera desgracia, pues hemos perdido la batalla ante la sociedad de consumo. En la UCM intentamos fomentar el compromiso cívico y hay estudiantes implicados en diversas redes ciudadanas, pero son una minoría. Me preocupa muchísimo el futuro de la democracia con una juventud tan despolitizada. La UCM ha incrementado las ayudas económicas para proyectos de cooperación al desarrollo. También  ha intensificado la cooperación académica con Universidades del Sur. Tenemos buenos master sobre cooperación para el desarrollo. Sin embargo, falta algo en todas las Universidades españolas que sería un medio magnífico para crear una ciudadanía activa en el ámbito de la solidaridad internacional. Me refiero a la creación en todas las Facultades de una asignatura en la que se relacionaran los saberes específicos de cada carrera y las habilidades profesionales con el tema de la lucha contra la pobreza mundial. Sería una forma de enseñar a ensamblar el futuro quehacer profesional con la práctica de la solidaridad internacional desde la especificidad de un trabajo determinado. También contribuiría a crear planes de acción específicos de lucha contra la pobreza y la injusticia mundial a través de los Colegios Profesionales.

· ¿Cómo piensas que podemos fortalecer la participación social?

Participando. El primer principio de la formación es la acción. Hay que reforzar el “contagio” entre las estupendas organizaciones de acción social y la masa que está fuera de ellas. Tenemos que crear espacios en los que los militantes de estas organizaciones presenten directamente las campañas y formas de acción colectiva con el método de “ven, haz algo y cuéntalo”. Pero hay que empezar muy pronto, desde niños, para coger adicción a la acción social. Mi experiencia en los movimientos cristianos que vinculan la experiencia religiosa y la lucha por la justicia me ha enseñado que la acción es la mejor forma de educación. Actualmente toda la industria del tiempo libre, la televisión y la eclosión de los videojuegos, móviles, ordenadores, etc están pensados para tener una ciudadanía lúdicamente pasiva. El cyberactivismo social puede ser un medio excelente para reorientar esa fijación de los niños y jóvenes en Internet y darle la vuelta. También confío en que la asignatura “Educación para la ciudadanía” sea impartida por profesores creativos que animen a los alumnos a insertarse en plataformas de voluntariado y movimientos sociales. Tenemos que establecer una especie de “contrato educativo” entre centros escolares y organizaciones de acción social para que éstas entren dentro del terreno escolar , den a conocer sus actividades y sean capaces de difundir la adicción a la participación social y al compromiso cívico.

· ¿Consideras que es el voluntariado una herramienta para el cambio social?

Sí y no. Hay que tener mucho cuidado con las vinculaciones neoconservadoras entre voluntariado y Estado mínimo. Veo más el voluntariado como un cauce para una primera sensibilación social y para la inmersión en ámbientes y realidades de pobreza, exclusión e injusticia. Sin embargo, hay que dar el paso desde el voluntariado a los movimientos sociales y a los partidos políticos. Los movimientos son la principal herramienta de cambio social y los partidos son imprescindibles porque muchos cambios necesitan una política de Estado. Desgraciadamente los partidos no presentan programas de cambio social profundo por su dependencia del electorado moderado para ganar las elecciones. Esta es la paradoja de las sociedades del bienestar. Pero la realidad demanda cambios sociales fuertes y la conjunción de la injusticia internacional, la destrucción medioambiental y la precariedad laboral contribuirá a la transformación de los partidos o a la creación de otros nuevos. El proceso ideal es empezar con el voluntariado y pasar a los movimientos sociales y desde ahí transformar los partidos políticos, pues son imprescindibles para el cambio social.

· Ahora que estamos en el "ecuador" del recorrido de los  Objetivos de Milenio, ¿consideras qué podrán cumplirse? Si no es así, ¿qué lo impediría y qué debería hacerse, entonces?

Depende de continentes. Creo que se avanzará mucho en Asia, algo en determinados países de América Latina y prácticamente nada en África. No obstante, se ha abierto un proceso muy interesante. La mayoría de los países del Sur han trazado estrategias para conseguirlos y han calculado cuánto pueden invertir en ellos y cuánto necesitan de la cooperación de los países ricos. Los factores que impiden su consecución son múltiples. Destaco tres. Muchos gobiernos del Sur no tienen como prioridad la satisfacción de las necesidades de los más pobres. Otros gobiernos del Sur tienen estrategias y prioridades presupuestarias centradas en la lucha contra la pobreza, pero unas veces carecen de suficientes recursos y otras no tienen soberanía sobre sus riquezas que son explotadas por empresas transnacionales de una forma injusta. Finalmente, los países ricos no tienen una política de justicia internacional potente. La AOD es muy escasa y la política comercial, energética, medioambiental, financiera, etc está desconectada de la lucha contra la pobreza. Una medida muy concreta que habría que adoptar es la reinversión de la deuda externa en financiación de los Objetivos. Ya veremos qué  conseguimos el año 2015, pero el hecho de que la comunidad internacional se haya trazado un programa conjunto es muy esperanzador.

· ¿Cuál es la situación de los Foros Sociales Mundiales?

Lo más interesante es su deslocalización de Porto Alegre. Están creciendo los foros continentales, nacionales y locales. Las redes intracontinentales e intercontinentales se están fortaleciendo y hay acciones conjuntas muy interesantes. No se ven porque los medios de comunicación social no dan suficiente información sobre la sociedad civil mundial y están muy centrados en lo que hacen los Estados. No obstante, hay carencias importantes. Señalo dos: falta un programa de demandas y un plan de acción mínimamente compartido. Hace años escribí en Le Monde Diplomatique un artículo titulado “Hacia una Internacional de Movimientos por la Justicia  Global” en el que planteaba la necesidad de una mayor organización y coordinación. El Foro Social Mundial debe seguir siendo sólo un espacio de encuentro e intercambio, pero dentro de él debía haber surgido ya una Internacional de la Sociedad Civil  como contrapoder mundial organizado.

· ¿Qué te sugiere la palabra globalización?

La unión de lo local y lo global. Una forma de nombrar una realidad: la globalización ya está en las aldeas y los pueblos rurales de los países ricos. Basta con ver las naciones de  donde provienen muchos de los trabajadores del campo que aseguran el presente y el futuro de nuestra agricultura o conocer los censos multinacionales de muchos pueblos. Nuestra producción y bastantes empresas locales están afectadas por el nuevo comercio mundial. Todo nos afecta a todos. Y si queremos resolver el problema de la inmigración tendremos que hacer frente a la pobreza mundial y construir una globalización alternativa. La realidad internacional ya no es un asunto para diplomáticos, sino para ciudadanos. No podemos “librarnos” de ella.

· ¿Porqué titulaste tu libro, publicado por Icaria e Intermón Oxfam,  “Justicia global”?

Durante los dos últimos siglos la lucha por la justicia se realizó a nivel nacional. Además la justicia se centraba casi en exclusiva en los conflictos capital-trabajo y tenía un objetivo muy centrado en aumentar el bienestar material en los países occidentales. Hoy la economía mundial se impone a la política nacional y no tenemos todavía instituciones políticas internacionales que gobiernen la economía global y la pongan al servicio de los ciudadanos del planeta. Por otro lado, los problemas medioambientales y la miseria de masas en Asia, África y América obligan a cambiar los objetivos y fines de la justicia. El aumento del bienestar material en el Norte destruye el planeta y al no ser universalizable, es injusto. Necesitamos una ecojusticia para todos los habitantes del mundo. En mi libro presento las propuestas de las redes del Foro de Porto Alegre para lograr la justicia global.

· ¿Crees que en la sociedad de la información en que vivimos, el exceso de información, entre otros factores, paradójicamente, puede llevarnos a estar más desinformados y, en último término, a ser menos beligerantes?

Sí. Estamos saturados de información y nos faltan espacios, tiempos y movimientos para la formación de la conciencia. Las nuevas tecnologías de la información son un medio extraordinario para formarnos como ciudadanos globales, para entrar en comunicación con movimientos y organizaciones del Sur y para fomentar la presión ciudadana por la justicia global a través del cyberactivismo en el que se basan bastantes campañas. Éste es un gran reto para la cooperación descentralizada en su dimensión de educación y creación de conciencia. Necesitamos educadores para el uso de las nuevas tecnologías de la información al servicio de la justicia global. Creo que la infraestructura tecnológica que existe en centros escolares, bibliotecas públicas y aulas municipales de Internet puede ser de doble uso y cumplir una doble función: reforzar la idiotez colectiva (basta ver las web más visitadas) o fomentar la ciudadanía global a través de la presentación de otro tipo de web y la inserción en las campañas del cyberactivismo internacionalista. Tenemos que formar a alfabetizadores tecnológicos por la justicia global vinculados a la cooperación descentralizada.

· En todo este panorama de la solidaridad "global" ¿hay espacio para las corporaciones locales? ¿Cuál debería ser su papel?

Muchísimo espacio por lo que decía anteriormente de la glocalización. Además, la construcción de la justicia global es una tarea para ciudadanos de a pie y los ayuntamientos son las instituciones más cercanas a la ciudadanía. A mí me emociona ver la cantidad de ayuntamientos que en España tienen consejos locales de cooperación y partidas presupuestarias para la solidaridad internacional. Era algo impensable hace una década. El objetivo debería ser que existieran en todos los pueblos, sin excepción, hasta el punto de que la cooperación internacional se convirtiera en un indicador de la calidad de la política  de los ayuntamientos y de las diputaciones povinciales.

· ¿Qué potencialidades no ha alcanzado aún la cooperación descentralizada?

Desgraciadamente se limita muchas veces a financiar proyectos de ONGD, lo cual refuerza que muchas de èstas no tengan un tejido asociativo propio y sean más “paragubernamentales” que otra cosa, en el sentido del exceso de escasez de recursos propios, tanto humanos como económicos. La cooperación descentralizada, salvo excepciones, no tiene una identidad específica basada en compartir y transferir recursos y capacidades con municipios latinoamericanos, africanos y asiáticos, lo cual requeriría establecer hermanamientos con esos municipios basados en programas concretos de cooperación. No se ha dinamizado suficientemente a toda la localidad para que todas las instituciones , asociaciones y vecinos cooperen desde su propia identidad. También ha faltado coordinación e integración en Fondos Autonómicos que tienen mayor capacidad para proyectos de mayor dimensión e impacto. No se ha actuado, salvo excepciones, en un ámbito muy importante como es la cooperación para el fortalecimiento institucional de los gobiernos locales del Sur. Hay que tener en cuenta que la mejora de nuestros pueblos no ha venido de la mano de ONG extranjeras, sino de ayuntamientos que han sabido hacer políticas públicas; por lo tanto, la salida de la pobreza en los países del Sur depende más de sus gobiernos municipales, regionales y nacionales que de las ONG europeas. Aquí hay un campo inmenso para trazar proyectos de cooperación Norte-Sur centrados en una buena administración local en América Latina, Asia y África. No creo que tengan que suprimirse las ayudas a las ONG provenientes de la cooperación descentralizada, pero éstas deben ser sólo una parte de la misma. Finalmente, destacaría el tema de la vinculación entre inmigración y codesarrollo, una asignatura pendiente para la cooperación descentralizada, aunque existen ya iniciativas muy interesantes en algunos municipios.

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