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Entrevista a María José Aguilar
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Vinculada al mundo de la solidaridad desde hace más de treinta años, María José Aguilar Idáñez es en la actualidad catedrática de trabajo social y servicios sociales de la UCLM, directora del Master on-line en Inmigración e Interculturalidad y responsable del Grupo Interdisciplinar de Estudios sobre Migraciones, Interculturalidad y Ciudadanía (GIEMIC). Ha trabajado como consultora internacional en una veintena de países de América latina, Europa y África; y ha publicado un centenar de trabajos científicos, entre ellos más de 20 libros sobre cuestiones relacionadas con la acción social.

            1. ¿Cuál es tu vinculación con el mundo de la solidaridad?
            Comencé a participar en un movimiento juvenil de solidaridad a los 14 años, trabajando con niños en la sensibilización a través del tiempo libre. Mi primer trabajo voluntario en esa época fue como educadora en campamentos de verano. Desde entonces, he tenido la oportunidad de colaborar con muchos grupos y movimientos de solidaridad en España y América latina, dentro del ámbito del desarrollo comunitario, la educación popular y la animación cultural. He trabajado, y sigo haciéndolo, en numerosos contextos multiculturales y multiétnicos, aportando sobre todo en lo que es mi especialidad: el desarrollo de nuevas y mejores formas y técnicas participativas, para una intervención social eficaz que apunte siempre a la transformación y el cambio. En la actualidad asesoro y apoyo con formación a los grupos y movimientos de solidaridad que me lo piden, y fundamentalmente del mundo de la cooperación y el co-desarrollo, tanto en España, como en América latina y África.

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            2. Trabajas como profesora en la Universidad, ¿crees que la Universidad fomenta la ciudadanía activa?
            Creo que la universidad española en general, y la UCLM en particular, no fomentan la ciudadanía activa con la intensidad y el compromiso que deberían hacerlo. En este campo, universidades de otros países europeos y latinoamericanos están muy por delante de nosotros. Debería haber una puesta decidida que facilitase, e incentivase de algún modo, la realización de proyectos solidarios tanto en la región como en otros países. Son una gran mayoría los estudiantes que estarían dispuestos a colaborar al acabar sus estudios, en periodos de 6 meses, en programas y servicios que contribuyeran al desarrollo en países del llamado tercer mundo. Este potencial de solidaridad sería una herramienta importante para la sensibilización de la población aquí, y también prestaría un gran servicio en esos países. Cuba, por ejemplo, es el principal país del tercer mundo exportador de médicos, profesores, ingenieros, etc. a otros países de África y América latina. Si un país así puede hacer esto, qué no podríamos hacer nosotros aquí, si se quisiera, claro está. Nuestra universidad, por ejemplo, gasta muchísimo más dinero en eventos lúdico-festivos que en los dos mini-programas que tiene de cooperación y solidaridad. Pareciera que en nuestras universidades, el fomento de la solidaridad es una actuación o medida de puro ornato.

            3. ¿Cómo piensas que podemos fortalecer la participación social?
            Dejándonos de mirar el ombligo. Vivimos y pensamos de modo individualista y la sociedad de consumo fomenta ese modo de pensar y ese estilo de vida. Debemos hacer un esfuerzo, personal y colectivo, para sustraernos de la dinámica general que parece empujarnos a un “sálvese quien pueda”. Dentro de este clima, las instituciones deberían apostar por apoyar decidida y seriamente los procesos de participación social que desde la ciudadanía se intentan llevar a cabo, aún  cuando a veces estos procesos puedan resultar “molestos” al poder. No se puede hablar de fomento de la participación y apoyar sólo a lo que conviene al poder, o entorpecer procesos concretos que son críticos. Hay que ser coherente, ya que de lo contrario, se terminan vaciando de contenido las palabras que se convierten así en instrumentos de nuevas formas de dominación implementadas a través de políticas paternalistas y pseudoparticipativas.

4. ¿Consideras que el voluntariado es una herramienta para el cambio social?
            El voluntariado es una forma de ejercer la solidaridad, aunque no es la única. Si contribuye o no al cambio social es una respuesta que hay que matizar: Si el cambio social es un objetivo del grupo o movimiento en el que se ejerce el voluntariado, y además se tiene “eficacia operativa”, entonces sí. Pero también existen grupos y organizaciones de voluntariado que no se proponen cambio social alguno, y sus acciones –pudiendo ser muy loables- a veces tienen un carácter paliativo individual y no se plantean incidir en la transformación de la sociedad. Y otras, que por la naturaleza de sus actividades, parecieran empeñarse en mantener “las cosas como están”. Os diría, para resumir mi respuesta, que ser o no herramienta de cambio social tiene más que ver con las opciones políticas, ideológicas y éticas de cada persona y entidad, que con el hecho de ser o no voluntario. Ahora bien, no cabe duda que el voluntariado puede ser una herramienta de cambio siempre que sirva para mostrar las insuficiencias e injusticias del sistema y contribuya a la toma de conciencia de la sociedad en que vivimos sobre las desigualdades tremendas que existen entre grupos, colectivos y países.

            5. ¿Cómo valoras el trabajo de las asociaciones del tercer sector?
            Muchas veces se acusa a las asociaciones de hacer una intervención poco “profesional” y puntual, pero hay que ver en qué contextos se ven obligadas a trabajar: muchas veces no hay opción para otra cosa ya que la “precarización de la protección social” se está haciendo a base de “privatizar” los servicios sociales de interés para el mercado, y de “terciarizar” el resto de las acciones que no tienen rentabilidad o interés lucrativo. En general, creo que aunque habría que mejorar muchos aspectos (el de la formación y necesaria exigencia profesional, aunque se trabaje sin remuneración, es una de ellas), las organizaciones del tercer sector gozan de buena salud y podemos comprobar su crecimiento y expansión en los últimos años. Aunque, insisto, una parte de ese crecimiento está causado por el desplazamiento de la responsabilidad pública en lo social hacia el tercer sector. Como cuestión importante a mejorar, también señalaría el “trabajo en red”, que es algo imprescindible para ser eficaz y logar impacto, y donde todavía falta mucho camino por recorrer en nuestra región, ya que en muchas asociaciones se sigue manteniendo la “mentalidad del chiringuito”.

            6. ¿Consideras que las relaciones de las asociaciones del tercer sector con entidades públicas son las apropiadas, en cuanto al desarrollo de las políticas de bienestar social?
            Como he apuntado antes, creo que las entidades públicas en general, y con honrosas excepciones, están utilizando al tercer sector -con la excusa de la participación social-, para desplazar –cuando no eludir- lo que es, y debería ser, su responsabilidad pública. Y este desplazamiento de la gestión no se está haciendo bien: de hecho se está aprovechando para “precarizar” la protección social, los servicios sociales y la atención a los colectivos más vulnerables. Precarizando la financiación, mediante mecanismos inseguros e inestables como las subvenciones, y precarizando el empleo, ya que el personal remunerado trabaja en unas condiciones malas y en cuanto pueden salen de las asociaciones, produciéndose además, una descapitalización de las mismas. Esto es una manera fácil y barata de gestionar lo social público, pero que tiene consecuencias muy peligrosas a medio y largo plazo.

            7. ¿Cómo ves la salud de los movimientos sociales en estos momentos?
            Si hablamos de movimientos sociales en general, no se asociaciones del tercer sector, la respuesta necesitaría muchos matices, ya que los movimientos sociales son de naturaleza muy diversa y a veces, también, se llama movimiento social a algo que, sociológicamente no lo es. Como supongo que lo que interesa a los lectores está referido al tercer sector, siguiendo con el uso de la metáfora sanitaria de vuestra pregunta yo diría que tienen mucha mejor salud que hace unos años, pero que deberían vigilar “preventivamente” la posible aparición de patologías futuras, sobre todo las que pueden ser consecuencia de la “cultura de la subvención”.

            8. Ahora que estamos en el “ecuador” del recorrido de los Objetivos del Milenio, ¿consideras que podrán cumplirse? Si no es así, ¿qué lo impediría y qué debería hacerse, entonces?
            Lamentablemente no podrán cumplirse ya que no hay verdadera voluntad política para que así sea. Existe la retórica del discurso, pero ningún gobierno de los países ricos se ha tomado con un mínimo de seriedad el asunto. Para lograrlos habría que llevar a cabo acciones que no se están realizando. Los verdaderos intereses están en otros objetivos, muchas veces en contraposición con los del milenio por los que me preguntáis. Posiblemente haya algún avance en alguno de los objetivos pero, sinceramente, no creo que se cumplan al paso que vamos. Estamos en el “ecuador” pero los objetivos no se han conseguido al 50% que sería la previsión lógica para estas fechas ¿no? Por eso soy muy pesimista al respecto. Ningún experto en este tema piensa que vayan a lograrse.

            9. ¿Puedes contarnos algo de tu nueva experiencia con el mundo del documental?
            Cualquier profesional de los social, y cualquier persona militante en un moviendo que busque algún tipo de cambio social, debe ser –sobre todo y ante todo- un buen comunicador. La comunicación interpersonal, intra e intergrupal y la comunicación social, son los instrumentos fundamentales en cualquier intervención social, sea ésta individual, grupal o comunitaria. Desde estos planteamientos de base siempre me ha preocupado la comunicación como aspecto clave de la formación para la intervención social.
El desarrollo tecnológico en la comunicación, y la mayor accesibilidad de esta tecnología electrónica de base digital, nos permite trabajar e intervenir socialmente con medio audiovisuales que hace unos años no existían. Antes sólo podíamos utilizar soportes gráficos, sonoros, fotomontajes y poco más en nuestras acciones de sensibilización; pero en la actualidad el vídeo digital nos abre nuevas y mayores posibilidades. Mi incursión en el cine documental proviene de esta preocupación por mejorar los procesos de comunicación en el campo de “lo social”, y también de mi reciente interés por contribuir al desarrollo de la Sociología Visual, como nueva exploración teórica y metodológica que, articulada con otras formas alternativas de analizar la realidad social (como la investigación-acción-participativa, por ejemplo), puede permitir abrir nuevas vías y caminos para conocer y comprender nuestra realidad desde perspectivas igualitarias mucho más empáticas con los actores sociales involucrados.
Hasta ahora he dirigido y producido tres películas: “Sin Recortes” (2006), que muestra la realidad de la inmigración en la región en base a la evidencia empírica; “África llora aquí” (2007) que es una llamada de atención acerca de la urgente necesidad de pensar en una nueva ciudadanía; y, “Aquí cabemos todos” (2007), que es un homenaje visual a los verdaderos educadores. Estas tres películas y otros materiales visuales se editarán en los próximos días, junto con diversas guías educativas, en un DVD para facilitar su difusión en asociaciones, entidades y grupos interesados en la promoción, no sólo de una ciudadanía activa, sino de una ciudadanía universal basada en los Derechos Humanos.

            10. Por último, ¿cómo podemos transformar la sociedad?
            ¡Menuda pregunta para el final! Es la pregunta que miles de personas y organizaciones llevamos haciéndonos desde hace tiempo… Pero bueno, para ofrecer alguna pista os diré que sólo interviniendo activa, decidida y comprometidamente, tanto a nivel estructural o macrosocial como a nivel microsocial, podremos lograr algo. Y también haciendo cosas cotidianas y pequeñas, pero importantes en el terreno personal. No podemos cruzarnos de brazos pensando que al no tener suficiente poder la responsabilidad es de otros… Todos podemos hacer algo para que este planeta sea un mundo menos inhumano, menos injusto y menos desigual: en nuestra casa educando a nuestros hijos para ello, con nuestros amigos haciendo nuevos y diversos amigos, en nuestra actividad profesional, en nuestras acciones voluntarias, de cooperación, etc. Nunca deberíamos olvidar que, como seres humanos, tenemos más necesidad de comprensión y comunicación humana, que de calorías y de encuestas.

 

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