
Inseguridad y crisis alimentaria,
un problema de todos

El aumento global del precio de los alimentos está llevando a un “silencioso asesinato en masa” en los países más pobres del mundo.
Jean Ziegler, enviado de Naciones Unidas para asuntos alimenticios
La seguridad alimentaria existe, como se establece en la Declaración de Roma, “cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana”. Cuando ocurre lo contrario nos encontramos en una situación de inseguridad alimentaria, la cual atenta contra el derecho de toda persona a tener acceso a los alimentos, en consonancia con el derecho a una alimentación apropiada y con el derecho fundamental de toda persona a no padecer hambre.
Muchos países han sufrido a lo largo de la historia situaciones de inseguridad en cuanto al acceso suficiente a los alimentos, colocándolos en un escenario de vulnerabilidad extrema y crisis alimentarias periódicas, es decir, en permanente riesgo de hambruna, contextos generados en gran medida por las inclemencias climatológicas y la debilidad de los sistemas de alerta y de las estructuras gubernamentales para hacer frente a la escasez.
Actualmente, el escenario preocupante de algunos países pobres se ha convertido en un problema, o más bien, en el nuevo enemigo global. “Por primera vez en mucho tiempo, los intereses de los países más ricos podrían sumarse a las necesidades de los países más pobres, porque la seguridad alimentaria se ha convertido en un riesgo global”(1).
La constante subida del precio de los alimentos básicos es una realidad en todos los continentes y una urgencia para miles de personas en algunos países de África, Asia y América Latina. Está “tormenta perfecta”, denominada así por Susana Rico, Jefa del Grupo de trabajo del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, por su multiplicidad de causas complejas, preocupa a los principales organismos internacionales como la ONU, la OCDE o el Banco Mundial.
Este fenómeno multicausal recoge inadecuadas políticas agrarias y proteccionistas que ya se han convertido en un problema estructural. A esta situación se han sumado el crecimiento de la población mundial, lo que ha llevado a aumentar la demanda de alimentos, aunque también de tierra, agua y energía, sobre todo entre la población de las economías emergentes de países como China, India y Brasil. La subida del precio del petróleo, que afecta a la producción alimentaria, debido al aumento de los diferentes costes de producción (transporte o maquinaria agrícola). La producción y uso de biocombustibles, que incide en la oferta de alimentos, ya que crea competencias por las tierras de cultivo. Finalmente, el impacto del cambio climático y el efecto directo en la producción agrícola, en la ganadería y en la pesca.
A pesar de la falta de coincidencia y las discrepancias de los diferentes líderes mundiales respecto a las causas de este fenómeno, la necesidad de una actuación coordinada que aborde de manera integral la problemática, ha sido el común denominador de la Cumbre sobre la Seguridad Alimentaria Mundial: los desafíos del cambio climático y la bioenergía, organizada por la FAO (Organización para la Agricultura y la Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas) en Roma, los primeros días del mes de junio. La FAO ha resaltado la necesidad de incidir y facilitar una mayor y activa participación de los colectivos más pobres y vulnerables en los procesos de desarrollo, lo que permitirá desarrollar programas nutricionales más eficaces y coherentes.
El panorama actual es desalentador, pero necesariamente nos lleva a repensar la agenda internacional y el rol de los actores implicados en la búsqueda del bienestar de todos los seres humanos, la lucha contra la pobreza y la sostenibilidad ambiental, entre otras cuestiones. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio se perciben más lejos aún: el objetivo de reducir el hambre a la mitad para el 2015 parece ahora una meta inalcanzable. La seguridad alimentaria vuelve a ser un tema prioritario para la comunidad internacional y nos enfrentamos al desafío de encontrar respuestas rápidas, soluciones adecuadas, sistemas eficaces, pero sobre todo nos enfrentamos al reto del trabajo conjunto y coordinado, con intereses colectivos y principalmente con el objetivo común de hacer un uso adecuado de los recursos y no permitir que los pobres del mundo mueran de hambre.
Gerardo Magariños
FCMC

(1) Olivier Longue, Director General Acción Contra el Hambre
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