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RUTINA


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           Tras el paréntesis estival y el reencuentro con ese tiempo de más que nos permite cultivar con mayor ahínco aficiones maltratadas o semiabandonadas el resto del año, o que nos lleva hasta viejos o nuevos lugares que siempre tienen cosas que ofrecernos, nos adentramos en el confort de la rutina. Una rutina que nos recibe sobresaltada: cambio de gobierno en Castilla-La Mancha; puesta en marcha del mayor acelerador de partículas del mundo que busca el origen del universo; un atleta paraolímpico que quiere ser sólo olímpico; los glaciares, que en España nos dirán adiós irremediablemente dentro de 50 años fruto del calentamiento global y la presentación del coche del futuro, al que por cierto pocos han hecho caso, que alcanza 120 km/h y tiene ya una autonomía de 24 horas. Por cierto, no contamina y se impulsa por energía solar. Demasiada agitación.

           Pero en esta recta final de vacaciones una serie de horribles rutinas han quedado grabadas en nuestras retinas, la rutina de unos rostros ateridos de frío, la rutina de un gran hombre de piel oscura que apenas puede tenerse en pie ayudado a moverse por dos Guardias Civiles, la rutina de los voluntarios y voluntarias de la Cruz Roja que junto a los profesionales y demás personal sanitario atiende a hombres y mujeres exhaustos; la rutina de los cadáveres flotando en el agua dentro y fuera de los cayucos que llegan a nuestras costas… El elemento novedoso en esta información es tratar de averiguar cuantas vidas se truncaron en la travesía, cuántos hombres, mujeres, adolescentes o bebés murieron… Triste producto del subdesarrollo o dicho de otra manera, lisa y llanamente,  otra cara del desarrollo que no podrá tener una connotación positiva completa mientras permita tragedias como ésta y los cadáveres arrojados al mar cuenten, parafraseando a Juan José Millás, “como huesos de aceituna”.

           Cuando estas palabras vean la luz se habrá celebrado el III Foro Social Mundial de las Migraciones en el municipio madrileño de Rivas Vaciamadrid, 2.000 delegados y delegadas de los cinco continentes se habrán dado cita para reflexionar sobre esta realidad, que convive con el final de las vacaciones estivales.

           Albert Einstein dijo “la vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Estas 2.000 personas estaban cansadas de ver lo que pasa. También las que asistieron a otros foros en Barcelona o en Los Ángeles, los celebrados en Brasil o Canadá o las que asistirán en octubre en Guatemala. Si estamos cansados de ver qué pasa, no podemos dejar de buscar hasta encontrar cómo y donde mejor podamos contribuir a parar este tipo de tragedias. Pero no desde la pesadumbre de quien sabe que la batalla está perdida antes de empezar -hay muchos ejemplos de personas cuya contribución ha servido para cambiar a mejor el rumbo de las cosas- sino desde la alegría y la energía que da el sentir que tus sentimientos han dicho basta y que queda por delante un mundo de emociones que generar y compartir con otras personas que ya iniciaron el camino, capaces de transformar este mundo “peligroso”



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