
REFLEXIONES sobre el voluntariado
¿Está adormecido el voluntariado?
Si lo comparamos con el movimiento de voluntariado existente años atrás, en los 90, cuando se produjo el boom del movimiento voluntario en España, es evidente que está adormecido.
Si lo comparamos con el voluntariado en momentos previos a la instauración de la democracia, en los que no existía la libertad de asociación, a primera vista, probablemente podríamos cuestionarlo.
Lo que es complicado cuestionar es que el concepto de voluntariado ha evolucionado y sigue evolucionando en la actualidad. Se ha regulado y legislado en este campo, tanto a nivel nacional como a nivel regional. Se ha institucionalizado, clave importante para su impulso. El número de voluntarios y voluntarias, así como de entidades de voluntariado ha crecido considerablemente. Pero como la mayoría de los conceptos en las ciencias sociales, el voluntariado sigue siendo un concepto sin consensuar por todos los actores implicados y en proceso de cambio constante.
A pesar de su evolución, el voluntariado sigue formando parte de un mundo endogámico y sometido a una práctica residual.
Esta endogamia no permite al resto de la sociedad percibir todos los cambios que se producen, por lo tanto dificulta entender el voluntariado en la actualidad como una forma de participación social, no menos importante que cualquier otra forma de participación como puede ser la pertenencia a un partido político, a una organización sindical, o cualquier otra forma de las múltiples posibles.
Todavía ligado a la caridad y asistencialismo remanente de tiempos pasados, aún hoy existe en la opinión general el concepto de voluntariado como una actividad individual de buena voluntad, de bondad y de carácter asistencialista.
Aunque esta percepción sigue existiendo, no podemos obviar que el concepto de voluntariado ha evolucionado hacia el entendimiento del mismo como una forma de reivindicación social, en la que la actividad de voluntariado, lejos de ser asistencialista y caritativa se ve enmarcada dentro de las actividades de un proyecto de cambio social, que se realiza voluntaria y responsablemente, sin contraprestación económica alguna, dentro de una organización, de forma planificada, estructurada, con una cierta continuidad y sobre todo compromiso, con el objetivo de hacer una transformación progresiva de la sociedad.
El reto que tenemos, como institución, como entidad de voluntariado, como voluntarios y como voluntarias, como parte de la sociedad perteneciente a ese mundo cerrado es romper esa endogamia, para que el voluntariado sea visible y sea entendido en todas sus ramas, con todos sus objetivos, pero incuestionablemente que no se le siga vinculando de forma única y exclusivamente al carácter asistencial y caritativo.
Este es un reto complicado, pues complicado es discernir que mecanismos son los adecuados y por tanto que debemos utilizar para conseguir esta ruptura ¿Como rompemos esa imagen sesgada todavía existente?
Por otro lado, difícil es, en la misma medida, decidir a quien o quienes les corresponde alcanzar este objetivo. ¿Quienes son los actores responsables de romper dicha endogamia?
En mi opinión, es en nosotros mismo en quien recae la responsabilidad de luchar para que el concepto de voluntariado se consolide y trascienda a la sociedad, más allá del mundo de las organizaciones de voluntariado. Somos todos nosotros, los que estamos involucrados en este movimiento de forma directa o indirecta, tanto voluntarios y voluntarias, como entidades de voluntariado, como administraciones públicas los que tenemos la responsabilidad de sensibilizar al resto de la sociedad para que cada vez más, los ciudadanos y ciudadanas se impliquen en la búsqueda de un mundo mejor.
Cristina Ortí Delegido
FCMC

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