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La animación en la FORMACiÓN

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           La mayoría de los que empiezan a asumir el papel de formadores en el ámbito de la educación no formal y del voluntariado provienen de la animación o, en todo caso, son influenciados fuertemente por ella. Vivir experiencias significativas en calidad de animador o de animado, permite a los futuros formadores aprender métodos y técnicas basadas en la interacción y en las experiencias de aprendizaje práctico (learning by doing / aprender haciendo);  conseguir los objetivos y realizar las actividades de modo creativo contando con la contribución y con la participación activa de los miembros del grupo;  aprender a comunicar de manera desenvuelta (refuerzo de la autoestima);  gestionar el grupo y las relaciones específicas con y entre los participantes (dinámicas de grupo) y las relaciones entre el grupo y la organización, (papel puente). Efectivamente, la animación representa, para muchos formadores, la oportunidad de enriquecerse y de dar un salto de calidad en el proceso pedagógico que conduce a la adquisición de su nuevo papel.

Todavía el recurso a la animación -con sus técnicas y sus dinámicas- además de ofrecer una extraordinaria oportunidad formativa, ha causado y sigue causando problemas de cierto relieve. El inconveniente más evidente, y para muchos más "peligroso", está relacionado con hacer prevalecer a las habilidades respeto al marco de referencia y a los contenidos teóricos. El error que comete a menudo un formador novato es el mismo que muchos animadores cometen: pensar en la formación reduciéndola a un conjunto de prácticas y técnicas útiles que aseguran una "tranquila" dirección del grupo sin que se valoren suficientemente las experiencias, las competencias y las dinámicas del grupo en el proceso de aprendizaje. Lo que importa realmente es "implicar" al grupo, haciendo todo lo posible para que no sea preso de incertidumbre y desmotivación. O, todavía peor, evitar que el grupo caiga en el aburrimiento y en el desinterés. Generalmente la respuesta del novicio formador está caracterizada por la intensidad de las actividades y de los programas: al miedo de la caída en el vacío se opone la plenitud y la intensidad de las actividades y de los programas. Es por eso que, en muchos casos, las actividades de animación y los recorridos formativos no tienen solución de continuidad.
           
En otras palabras lo que prevalece en el proceso de aprendizaje es la transmisión de los contenidos en vez de la puesta en común del saber y la elaboración del recorrido qué llevaría a la producción de nuevos contenidos y sentidos. A menudo, bajo el aspecto metodológico, es difícil distinguir la formación propuesta en términos de la educación formal. Entonces el epicentro de la propuesta formativa es desplazado hacia las habilidades más que hacia las capacidades.

Es muy interesante para los formadores detenerse sobre estos aspectos, intentando encontrar una respuesta al porqué de tal reacción. Debemos incluso analizar los aspectos emotivos que implican a todos los actores (no sólo el formador) del proceso de aprendizaje, poniendo de relieve el componente de ansiedad relacionado a la toma de responsabilidad y las expectativas que el formador-animador proyecta sobre el grupo en formación. Dejando para otro momento profundizar sobre este tema, lo que podemos decir en estas páginas es que la técnica, las dinámicas propuestas por el formador-animador representan un buen antídoto contra lo que es definido como pánico escénico en teatro. Son, ciertamente, muchas las incógnitas  las que afronta el actor/formador: él sale/entra en el escenario (training-setting), se pone en el  centro de atención del publico/grupo participante sin saber quién se encontrará enfrente y cuáles son las expectativas y motivaciones reales de los participantes. Es precisamente este salto al vacío que empuja a menudo a olvidar uno de los principios más importantes de la formación: si no queremos transformar la formación en un curso académico siempre tenemos que contar con los recursos de los participantes y orientar la propuesta formativa hacia las necesidades de los participantes y de sus organizaciones. Puede parecer una respuesta obvia, pero no es así si pensamos que buena parte de la investigación sobre la formación sigue preguntándose cuales son los medios disponibles para determinar las necesidades.

Las expectativas del grupo y la proyección del formador en las expectativas atribuidas al grupo empujan fuertemente a reaccionar con miedo al vacío, al horror vacui, llenando espacio y tiempo agarrándose al instrumento más dinámico, interesante y divertido que el formador-animador tiene a su disposición: la técnica, el juego, la dinámica. Lo importante es darnos cuenta de que la técnica ha de estar al servicio del formador y no al revés ya que no hay mejor práctica que una buena teoría.

Marcello Ingrassia
Formador Internacional
Ayuntamiento de Turín

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02 > Opinión: Con motivo del DÍA DEL COOPERANTE (2/2)

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01 > Editorial
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color· La animación en la FORMACIÓN
color color· Con motivo del DÍA DEL COOPERANTE
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Resolución convocatoria del FONDO CASTELLANO-MANCHEGO DE COOPERACIÓN, para Proyectos de Cooperación para el Desarrollo, de 19 de diciembre de 2008
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