
De la paz y el pacifismo [1]
“Un pueblo, todo pueblo, necesita un enemigo enfrente para ser grande”
Francisco Umbral
“Leyenda del César visionario”
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Si desde estas páginas, dijera yo sin explicar más, que la guerra es necesaria; que es inconcebible un sistema político pensado sin la guerra. Si mantuviera que no es posible la política sin un enemigo. Seguro que sería tachado, como poco, de mente maquiavélica.
No obstante esbozaré mi reflexión. Breve porque, como mantenía Voltaire, el secreto para no aburrir es no contarlo todo.
Nadie, al menos nadie en plenitud de facultades, puede, desde el plano teórico, negar que anhela la paz. Que está a favor de la paz. De hecho, una de las conquistas por conseguir después de la II Guerra Mundial es el reconocimiento del derecho a la paz como uno más de los derechos humanos 1 . Como en tantas utopías, el tiempo dirá si se pasa el Rubicón.
Hay que empezar por definir claramente qué es la paz. Paz no es la mera ausencia de guerra. Sino que forma parte de un todo indisoluble con el desarrollo socioeconómico, la justicia y el respeto a los derechos humanos.
Mas la paz no sólo es una construcción teórica. Uno de los primeros hitos prácticos fue el “Programa de Paz”. 2 O el surgimiento de una disciplina científica denominada Investigación para la Paz.3 En este espíritu, la UNESCO ha asumido el Programa Cultura de Paz (PCP) para reforzar valores, actitudes y estilos de vida no violentos, que respetan el derecho de las personas a ser diferentes y de su derecho a una existencia pacífica segura dentro de su comunidad.
Visto qué sea la paz, habría que preguntarse si es posible el perfecto pacifismo, en todos los aspectos: jurídico, moral, ideológico.
Allá por los años sesenta del siglo XX, un prestigioso profesor de la Universidad de Estrasburgo, Jean Hyppolite, se niega a dirigir la tesis de un joven doctorando llamado Julien Freund. Sustenta el profesor su negativa en que él es socialista y pacifista y así, no puede patrocinar una tesis en la que se declara que sólo existe política donde hay enemigo. Ciertamente, Freund, reconoce en su trabajo la realidad existencial de la guerra y de las nociones políticas de enemigo, violencia y fuerza.
Ante esta posición doctrinal, Hyppolite anuncia a Freund, no sin cierto tono despectivo, “si usted tiene razón, no me queda otra salida que cultivar mi jardín”. Freund, contestó: “como todos los pacifistas, piensa que es usted quien designa a su enemigo. Desde el momento en que no queramos tener enemigos no los tendremos, piensa. Ahora bien, es el enemigo el que le elige a usted. Y si él quiere que sea su enemigo, lo será. Y le impedirá, incluso cultivar su jardín”. Hyppolite, desolado pero contundente, replicó “entonces, sólo me queda el suicidio”.4
Julien Freund, socialista y miembro de la resistencia francesa ante la invasión nazi, leyó su tesis doctoral. Hoy día es una de las obras de obligada lectura en la ciencia política.5
No nos escandalicemos pues, si ante un posicionamiento de radical pacifismo, acabamos descubriendo que nos hallamos ante un callejón sin salida. Porque mi pacifismo puede ser respetable, pero ¿qué haré si vienen a pisotear las flores de mi jardín?
Seguiré reflexionando sobre ello en otras cuantas líneas.

1. Integraría la nómina de los que el profesor Jiménez de Parga denominó “derechos de tercera generación” junto a otros tales como el derecho al desarrollo o la protección del ecosistema.
2. Agenda for Peace, informe presentado a la Asamblea General de Naciones Unidas el 30 de junio de 1992 por Boutros Boutros-Ghali
3. Johan Galtung, politólogo noruego, fundó en Oslo en 1959 el primer instituto de investigación sobre la paz.
4. Extraído de “Julien Freund, la imperiosa obligación de lo real” de Juan Carlos Valderrama Abenza.
5. Julien Freund es autor, entre otras obras, de “La esencia de lo político”

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