
Consumo responsable y
educación para el desarrollo
El consumo responsable es una de las propuestas más transformadoras, a la par que accesible, que podemos encontrar hoy día en nuestro entorno.
Personalmente lo conocí hace diez años, cuando me acerqué a una tienda de productos de comercio justo buscando tomates con sabor a tomates. Dos horas después salí de allí algo más informada acerca del consumo responsable. Otras dos horas más tarde, miraba atónita la sartén en la que acababa de echar uno de esos huevos ecológicos que resultaron ser mucho más amarillos (y bastante más sabrosos) que los huevos del supermercado.
Hasta entonces el comercio justo aparecía como una forma de apoyar al “Sur” desde aquí. Se trataba de apoyar transformaciones en el sur a través de nuestras acciones cotidianas, como comprar café. Pero cada vez fue haciéndose más evidente la necesidad de transformar la realidad en el “Norte”. Es aquí donde consumimos el 80% de lo que se produce en el mundo y es evidente que el consumismo es una de las causas fundamentales del deterioro ambiental del planeta y del fracaso del sistema económico neoliberal a nivel global.
Tenemos la capacidad de transformar la realidad. A veces resulta más directo comprobarlo apoyando un proyectito productivo de algún país del “Sur”, y eso es necesario, pero también se necesita una implicación personal transformadora: cada día podemos elegir comprar en pequeños comercios, o productos locales… o incluso podemos elegir no comprar.
Esto es un buen ejemplo de lo que entendemos hoy por Educación para una Ciudadanía Global, que corresponde a la 5ª generación de Educación para el Desarrollo (EpD). Como veíamos en el curso de EpD que la FCMC organizó en diciembre, se trata de un proceso para generar conciencias críticas, hacer a cada persona responsable y activa (comprometida), a fin de construir una nueva sociedad civil, tanto en el Norte como en el Sur, comprometida con la solidaridad, entendida ésta como corresponsabilidad, y participativa, cuyas demandas, necesidades, preocupaciones y análisis se tengan en cuenta a la hora de la toma de decisiones políticas, económicas y sociales. 1
La Educación para el Desarrollo tiene lugar en distintas etapas. Primero sensibiliza, para lo que necesitamos información sobre las situaciones de pobreza (y de sobreabundancia) y desigualdad del planeta. En segundo lugar forma; entramos en un proceso de reflexión analítica y crítica, un esfuerzo consciente, sistemático y deliberado que lleve a una toma de conciencia. En tercer lugar concientiza; y cada persona asume de forma gradual su propia situación, sus límites y todas sus posibilidades. Y todo esto nos genera el compromiso individual por la transformación social, a través de la participación y la movilización. 2
Por todo esto es importante que desde las ONGD y las instituciones que trabajamos en Cooperación para el Desarrollo entendamos la Educación para el Desarrollo como un elemento transversal en nuestras intervenciones. La EpD tal y como la entendemos hoy, esa Educación por una Ciudadanía Global, es en realidad unas nuevas gafas para mirar el mundo y actuar en consecuencia en cada una de nuestras acciones, desde nuestra participación en asociaciones u organizaciones, pasando por nuestra forma de relacionarnos con el vecino, hasta nuestra compra diaria. Reconociéndonos siempre como esa Ciudadanía Global, entendiendo nuestras limitaciones y sobretodo nuestras posibilidades para transformar la realidad.
Una buena forma de comenzar o continuar con nuestra Educación para el Desarrollo es visitar la exposición PUERTAS en nuestra región: www.fcmc.es
Marta Pérez Salas
FCMC

1. Educación para el desarrollo, estrategia imprescindible para las ongd. CONGDE, 2008
2. Estrategia de Educación para el Desarrollo de la Cooperación Española. MAEC, 2007

02 > Opinión: El Voluntariado desde una perspectiva de género (2/2)
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