
EL VOLUNTARIADO
desde una perspectiva de género

No es cuestionable que el sentimiento de justicia, de solidaridad y de cambio social pueda nacer tanto en hombres como en mujeres en la misma medida, pero la realidad es que según los datos que aportan distintos estudios hay una diferencia notable entre ambos a la hora de implicarse en movimientos de voluntariado. Mientras que el 73% de personas voluntarias en todo el mundo son mujeres, solo un 27% son hombres.
Solo con estos datos, es fácil afirmar que el género incide de manera determinante a la hora de comprender la idiosincrasia del voluntariado a nivel mundial y por tanto también en España.
Los factores que determinan esta situación pueden ser varios.
Por un lado, puede incidir un factor de empatía, es decir, es algo claro que las mujeres son un colectivo demandante de servicios sociales muy por encima del colectivo masculino y por ende, si somos las mujeres las que mayormente requerimos servicios prestados por el voluntariado, es fácil, según esta empatía de la que hablábamos que seamos posteriormente nosotras las que tengamos una mayor implicación en este tipo de movimientos y dediquemos parte de nuestro tiempo libre en la ayuda de personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad.
Por otro lado, es obvio que incide la educación recibida y la socialización. Partimos de la base, de que en cualquier cultura, la adquisición de valores, costumbres, actitudes es distinta en el género femenino y en el género masculino. Este aspecto propicia que el género femenino sea más “sensible” a “lo social”.
También cabría la posibilidad de relacionarlo con la tardía incorporación de la mujer al mundo laboral (remunerado). Esto podría estar unido a la distribución del tiempo de cada uno de los géneros. Por esta circunstancia, las mujeres dedican menos tiempo a trabajos remunerados y realizan mas tareas sin remuneración que podríamos encuadran entre actividades de voluntariado. Aunque en este sentido podríamos entrar en un largo debate. Pues… ¿cuanto tiempo dedican las mujeres a asumir las tareas que van implícitas en el rol reproductivo que se le ha asignado socialmente a lo largo de la historia, como tareas de cuidado de la familia, tareas doméstica, educación de los hijos etc.?
Así mismo, analizando el voluntariado con el filtro de género, encontramos datos estadísticos que diferencian entre hombres y mujeres en el modo de implicarse en las organizaciones de voluntariado y en la motivación que les lleva a ello. Por un lado, los hombres, en general, aunque nunca es bueno hacer generalizaciones, suelen realizar voluntariado con el fin de obtener un reconocimiento social y participan especialmente en actividades puntuales. Sin embargo, las mujeres, tienden más a buscar la motivación en una valoración personal mediante el reconocimiento propio a través de la autoestima y su implicación habitualmente es de manera más constante.
Por otro lado, replicando patrones de cualquier ámbito de la sociedad, la distribución del poder en las organizaciones de voluntariado no es equitativa, volcándose la balanza a favor de los hombres, ya que son estos, quienes detentan los principales puestos de responsabilidad, cuando sorprendentemente son muchas más las mujeres que hay en las bases de las organizaciones de voluntariado y en los puestos técnicos.
En este sentido, también podríamos relacionar estos aspectos con los modelos educacionales implantados en nuestra sociedad donde juega un papel importante el género, ya que tradicionalmente se les ha atribuido a los hombre el valor de la justicia relacionada con el ámbito público, y a las mujeres se les ha impuesto el valor del cuidado a los demás, y todo aquello relacionado con el ámbito doméstico y por tanto privado. Esto explica que las mujeres estén más comprometidas con el voluntariado social y asistencial y los hombres con el voluntariado ecológico, reivindicativo, cultural etc.…
En cualquier caso, dejando atrás estas diferencias de género, hombres y mujeres están realizando notables esfuerzos por luchar contra la pobreza y las desigualdades sociales. En este sentido es fundamental potencial un modelo de voluntariado como forma de participación social, más reivindicativa y que promueva los cambios sociales más allá del voluntariado asistencial que ha tenido más peso tradicionalmente.
Cristina Ortí Delegido
FCMC

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